12 de febrero de 2026 - Tiempo de lectura 8 min
El 58% de las compañías de retail terminan pagando el rescate de ransomware
El ransomware se ha consolidado como una de las principales amenazas para el sector retail, influyendo de manera directa en la gestión de los incidentes y en la toma de decisiones tras un ataque. Una proporción relevante de las organizaciones del sector que sufren cifrado de datos opta por el pago del rescate con el objetivo de restablecer su operativa.
Esta situación refleja la especial vulnerabilidad de un sector cuya actividad depende de la continuidad de los sistemas de venta, pago y atención al cliente, así como de la confianza del consumidor. Cualquier interrupción de estos servicios tiene un impacto inmediato en los ingresos y puede afectar de forma significativa a la reputación de la organización.
Ante este escenario, resulta esencial adoptar un enfoque preventivo basado en el análisis de las vulnerabilidades del entorno digital y en un conocimiento preciso de las ciberamenazas. Contar con un diagnóstico claro permite anticiparse a los ataques y gestionar los incidentes de forma más eficaz, reduciendo la dependencia de decisiones reactivas y evitando ceder al chantaje.
Radiografía del ransomware en el sector retail: por qué es el blanco preferido
El ransomware ha encontrado en las compañías de retail un objetivo de alta rentabilidad.
Estas empresas sufren la presión de la venta omnicanal y de la interconexión con múltiples proveedores. Mantener operativas tanto las tiendas físicas como los canales digitales exige una disponibilidad permanente, de modo que cualquier interrupción en el call center o en los sistemas de pago se convierte en un problema inmediato de facturación, de experiencia de cliente y de cumplimiento normativo.
Esta dependencia de la disponibilidad 24/7 explica que, cuando los datos se cifran y los sistemas críticos se paralizan, muchas empresas de retail se enfrenten a decisiones de negocio bajo una presión extrema, con un margen de maniobra muy limitado y acaben negociando con los atacantes.
El informe indica que el 58% de las compañías del sector cuyos datos fueron cifrados terminó pagando para recuperar la información. Se trata de una de las tasas de pago más elevadas registradas en los últimos años.
El dilema del pago del rescate: costes directos frente a daños reputacionales
Cuando una compañía descubre que buena parte de sus sistemas están cifrados, las operaciones bloqueadas y los datos de clientes comprometidos, la tentación de pagar el rescate para retomar cuanto antes la actividad es muy elevada. La prioridad inmediata pasa a ser volver a operar, incluso aunque ello implique asumir riesgos a medio y largo plazo.
Sin embargo, las estadísticas de este informe muestran que apenas una pequeña parte de las empresas que pagan consigue recuperar todos sus datos. En muchos casos, el descifrado es parcial o la información aparece dañada, por lo que igualmente es necesario llevar a cabo procesos de restauración y de reconstrucción de sistemas.
Además, aceptar el chantaje puede convertir a la empresa en un objetivo aún más atractivo, al quedar catalogada como pagadora por otros grupos criminales, que pueden intentar nuevos ataques o vender esta información a terceros.
A todo esto se suma el impacto reputacional: en el sector retail, donde la confianza del consumidor se apoya en la protección de los datos personales y en la continuidad del servicio, un incidente de ransomware seguido del pago puede erosionar la credibilidad de la marca y alimentar la percepción de que la compañía no cuenta con una estrategia de ciberseguridad a la altura de su tamaño.
Vulnerabilidades en la cadena de suministro y puntos críticos de entrada
La mayoría de las compañías de retail ha pasado de gestionar un número limitado de sistemas internos a operar con un ecosistema digital formado por plataformas de comercio electrónico, aplicaciones móviles, sistemas de pago, herramientas de gestión del stock, partners logísticos y soluciones de marketing basadas en datos.
Cada una de estas conexiones amplía la superficie de ataque y multiplica los posibles puntos de entrada de un ransomware, especialmente cuando se combinan sistemas heredados con nuevas aplicaciones en la nube y con integraciones desarrolladas a medida.
Los datos del sector revelan que casi la mitad de los ataques de ransomware en retail tienen su origen en brechas de seguridad desconocidas, muchas veces asociadas a terceros o a vulnerabilidades no identificadas en el propio entorno.
Un proveedor de transporte que no cifra adecuadamente las comunicaciones, una pasarela de pago no actualizada, un sistema de punto de venta con parches pendientes o una API que expone más información de la necesaria pueden convertirse en el eslabón débil que desencadena un incidente de gran alcance.
La interconexión digital del retail moderno exige que la seguridad vaya más allá del perímetro tradicional y se extienda a toda la cadena de suministro, con evaluaciones periódicas, auditorías técnicas y controles de acceso estrictos.
Estrategias de resiliencia: más allá del backup tradicional en un entorno de doble extorsión
Durante años, la respuesta estándar frente al ransomware se ha centrado en reforzar las copias de seguridad, con el objetivo de recuperar los sistemas sin pagar el rescate. Sin embargo, la evolución de las técnicas de extorsión ha cambiado las reglas de juego. Hoy, muchos grupos criminales roban primero los datos y luego lanzan el cifrado, amenazando con publicar información sensible, incluso aunque la compañía restaure sus sistemas a partir de las copias de seguridad disponibles.
Este modelo de doble extorsión vuelve insuficiente un enfoque basado únicamente en el backup y obliga a replantear la estrategia de defensa desde la prevención y la detección temprana.
En este contexto, la velocidad de detección se convierte en un factor crítico: cuanto antes se identifique un comportamiento anómalo, mayor será la capacidad de contener el ataque antes de que el cifrado se propague de forma lateral por la red y afecte a sistemas adicionales.
Las empresas de retail necesitan avanzar hacia arquitecturas de confianza cero, en las que ningún usuario, dispositivo o aplicación se considere fiable por defecto y en las que el acceso se otorgue de forma granular y dinámica en función del contexto. Este enfoque, apoyado en una segmentación estricta de la red y en mecanismos automáticos de contención y aislamiento, permite limitar los movimientos laterales del atacante y ganar un tiempo clave para la respuesta ante el incidente.
La supervisión continua y los sistemas de detección basados en el comportamiento, permite identificar patrones anómalos, como movimientos laterales inusuales, incrementos de cifrado de ficheros o conexiones sospechosas a servidores externos, antes de que el ataque afecte a todos los sistemas.
Al integrar esta inteligencia con el análisis de vulnerabilidades, las grandes empresas pueden no solo cerrar brechas técnicas, sino también ajustar políticas de acceso, segmentar redes críticas y poner en marcha procedimientos automáticos de aislamiento ante comportamientos sospechosos, reduciendo drásticamente la superficie de impacto de un incidente.
Hoja de ruta para una recuperación de desastres sin ceder al chantaje
Cuando el ransomware se materializa, la diferencia entre una crisis descontrolada y una demostración de resiliencia radica en la preparación previa. Disponer de un plan de respuesta a incidentes específico para ataques de ransomware, probado y actualizado, permite actuar con rapidez, aislar los sistemas comprometidos, comunicarse con transparencia y coordinar las acciones técnicas, legales y de negocio sin improvisaciones. El objetivo es ganar tiempo, contener la propagación, preservar pruebas para la investigación y garantizar que las copias de seguridad, si se utilizan, no están contaminadas, mientras se evalúa con rigor el alcance del incidente.
En esta hoja de ruta, la colaboración con las autoridades competentes y con equipos especializados en ciberseguridad resulta clave para gestionar el incidente dentro del marco normativo, especialmente cuando se manejan grandes volúmenes de datos personales y financieros, como ocurre en el sector retail.
La experiencia demuestra que muchas compañías pueden evitar el pago del rescate, incluso tras sufrir un incidente grave de ransomware, si cuentan con alternativas técnicas y con un relato sólido ante sus grupos de interés.
Cuando se ha confirmado un incidente de ransomware, contar con un plan de respuesta previamente testado marca la diferencia entre una reacción precipitada y una actuación coordinada. Activar de inmediato los protocolos de aislamiento, trabajar de forma conjunta con expertos en ciberseguridad y mantener una comunicación fluida con las autoridades competentes permite contener el incidente, evaluar su alcance real y tomar decisiones informadas sin ceder a la presión de los atacantes.
Convertir un ataque en una prueba pública de madurez digital exige invertir de forma continuada en cultura de seguridad, en análisis de vulnerabilidades, en monitorización y en planes de contingencia. Pero el retorno se mide en continuidad operativa, en protección de la marca y en confianza del cliente, aspectos fundamentales en un sector donde la tolerancia a la interrupción es mínima.
Por tanto, para reducir la cifra de empresas que pagan un rescate es necesario integrar la ciberseguridad en el corazón del negocio y adoptar un enfoque proactivo que combine el análisis de vulnerabilidades como el que ofrece Vodafone Empresas, la detección temprana apoyada por capacidades de ciberinteligencia, la implantación de arquitecturas de confianza cero y los planes de recuperación bien ensayados. Todo ello permite convertir la resiliencia en un activo estratégico para proteger la continuidad operativa, la reputación de la marca y la confianza del cliente.
De este modo, una crisis potencial puede transformarse en una demostración de robustez operativa, cumplimiento normativo y madurez digital, reforzando la confianza del mercado y de los clientes incluso en escenarios adversos.