
Permitir que los empleados utilicen su smartphone personal para trabajar (BYOD) es una práctica muy extendida entre las pequeñas y medianas empresas. A primera vista, puede parecer una decisión económica que reduce los costes inmediatos de adquirir teléfonos corporativos y facilita la movilidad de la plantilla. Sin embargo, ese supuesto ahorro puede dar lugar a conflictos laborales, pérdida de información comercial y brechas de seguridad si no se establecen medidas adecuadas de protección y gestión de los dispositivos.











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