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05 de febrero de 2026 - Tiempo de lectura 6 min

Identidad Digital Centralizada: el escudo de la Administración ante las exigencias de la NIS2

El proceso de digitalización que están abordando las Administraciones Públicas avanza a gran velocidad, pero también lo hace la sofisticación de los ciberataques y el endurecimiento del marco normativo europeo. En este contexto, la identidad digital centralizada se consolida como una pieza fundamental para que las administraciones y organismos públicos puedan cumplir con las exigencias de la Directiva NIS2 y reforzar tanto sus procesos como la confianza ciudadana en los servicios electrónicos que prestan.
Identidad Digital Centralizada: el escudo de la Administración ante las exigencias de la NIS2


Qué es la identidad digital centralizada y por qué es el pilar de la gestión pública moderna

La identidad digital es el conjunto de atributos y datos verificados, entre los que se incluyen los biométricos, los personales o los certificados electrónicos, que permiten identificar de forma inequívoca tanto a ciudadanos como a trabajadores públicos. Gracias a esta identidad digital, es posible acceder a los diferentes servicios digitales garantizando la trazabilidad de cada actuación administrativa sobre expedientes, bases de datos o infraestructuras críticas.

Si a esa definición le añadimos la centralización, nos encontramos con el modelo de identidad digital centralizada, por el que se concentra la gestión de todos esos atributos en una plataforma cuyo control depende de la Administración titular que ejerce el papel de autoridad de confianza. Es decir, el modelo centralizado se basa en una gobernanza unificada de los datos.

Frente a modelos fragmentados en múltiples aplicaciones y departamentos, con la identidad digital centralizada se evita que cada organismo público tenga su propio repositorio de credenciales. Esa fragmentación es uno de los eslabones más débiles de la cadena de seguridad, sin embargo, al centralizarse la cadena se refuerza. De esta forma, un funcionario ya no necesita tener credenciales distintas para el correo, el sistema de gestión tributaria o para acceder al portal de recursos humanos.

Gracias a este enfoque, las administraciones públicas obtienen una visión global de quién accede, desde dónde y cuándo, aplicando políticas de mínimo privilegio de forma consistente en todo el entorno de red y reduciendo de manera significativa el número de ciberataques exitosos.

El papel de la identidad soberana en el cumplimiento de los estándares de la NIS2

La directiva NIS2 refuerza el marco europeo de ciberseguridad para redes y sistemas de información, endureciendo los requisitos de seguridad, la notificación de incidentes y la resiliencia de infraestructuras y servicios esenciales.

Esta normativa obliga a las entidades esenciales, entre las que se encuentran las administraciones públicas, a implementar medidas técnicas y organizativas que garanticen la protección de sus sistemas. Una identidad digital bien gestionada permite cumplir con los dos principios clave de la NIS2: el control estricto de accesos y la trazabilidad completa de las actuaciones. Solo las identidades previamente validadas pueden acceder a los sistemas, y cada interacción queda registrada de forma verificable.

De este modo, ante cualquier incidente de seguridad, la administración puede identificar con precisión qué identidad ha intervenido, en qué sistema y bajo qué condiciones, facilitando la respuesta y el cumplimiento de las obligaciones de reporte.

Beneficios de un sistema de identificación único para la protección de infraestructuras críticas

Las infraestructuras críticas y servicios esenciales, entre los que se incluyen la sanidad, el suministro de agua y energético o el transporte, son objetivos prioritarios para los ciberdelincuentes. La gran ventaja de un sistema de identificación único es que se reduce la superficie de ataque al limitarse el número de puntos de acceso susceptibles de ser comprometidos.

La consecuencia más clara es que permite implantar con mayor eficacia el modelo Zero Trust o de Confianza Cero, en el que ningún usuario, dispositivo o aplicación se considera confiable por defecto. Bajo este modelo, cada solicitud de acceso se evalúa dinámicamente en función de la identidad verificada, el contexto de la conexión, el estado de seguridad del dispositivo y el nivel de sensibilidad del recurso solicitado.

Además, la unificación de los criterios de acceso garantiza que solo el personal autorizado pueda operar sobre sistemas críticos, facilita la aplicación del principio de mínimo privilegio, donde sólo se da acceso a lo estrictamente necesario, y permite automatizar la revocación de accesos. Así, cuando un empleado deja su puesto, su identidad se desactiva en todos los sistemas de forma inmediata, evitando la existencia de cuentas huérfanas o vulnerables.

Interoperabilidad y seguridad: el ciudadano como centro de la identidad digital verificada

El gran avance de la identidad digital centralizada es que pone al ciudadano en el centro de la estrategia digital de las administraciones públicas. La relación con los servicios públicos ya no puede basarse en procesos fragmentados y repetitivos.

Con una identidad digital única y verificada, los ciudadanos pueden acceder a servicios de ayuntamientos, comunidades autónomas y de la Administración General del Estado sin multiplicar credenciales ni repetir procesos de identificación, manteniendo al mismo tiempo el control y la privacidad de sus datos personales.

Esta centralización facilita además el intercambio seguro de información entre los distintos niveles de la administración, a través de interfaces normalizadas y canales cifrados. Se trata de un elemento clave para dar cumplimiento a los requisitos de la NIS2 en materia de gestión de riesgos en las cadenas de suministro y en los servicios digitales compartidos, en los que intervienen múltiples actores públicos y privados.

Hoja de ruta para la implementación de un nodo de identidad robusto y resiliente

Adoptar un sistema de identidad digital centralizado es un proceso que requiere desarrollar una estrategia clara que combine tecnología, organización y gobernanza. Para ello, es fundamental apoyarse en tres aspectos:

  • Auditoría y diagnóstico, orientados a evaluar el estado actual de las bases de datos de identidad y los silos de información existentes.
  • Adopción de tecnologías avanzadas, mediante plataformas que integren de forma nativa la autenticación multifactor (MFA), el cifrado de última generación y mecanismos robustos de gestión de identidades, superando los modelos basados únicamente en contraseñas.
  • Escalabilidad y alta disponibilidad, garantizando arquitecturas resilientes y redundantes. Si el nodo de identidad falla, la Administración se detiene, por lo que es imprescindible contar con soluciones seguras y altamente disponibles, preferiblemente apoyadas en entornos cloud.
La identidad digital centralizada constituye no solo un requisito técnico para el cumplimiento de la NIS2, sino también un habilitador estratégico para el desarrollo de la administración digital. Para abordar con garantías este nuevo marco normativo, es fundamental contar con el acompañamiento de expertos como Vodafone Empresas, ya que sus servicios de consultoría ayudan a las administraciones públicas a diseñar e implementar soluciones tecnológicas alineadas con los requisitos de la NIS2. Su adopción permite reforzar la seguridad, optimizar la eficiencia operativa y ofrecer servicios públicos más fiables, interoperables y orientados a la ciudadanía. Asimismo, favorece una gobernanza más eficaz al proporcionar una visión integral de los accesos y del ciclo de vida de las identidades, facilitando la aplicación coherente de políticas de seguridad, auditoría y cumplimiento normativo.

En un entorno caracterizado por el aumento de las amenazas y la creciente complejidad normativa, apostar por un modelo sólido de gestión de identidades supone una inversión en resiliencia, confianza y continuidad de los servicios públicos, al tiempo que mejora la capacidad de respuesta ante incidentes y refuerza la coordinación entre los distintos organismos. Todo ello sienta las bases de una administración más segura y mejor preparada para afrontar los retos digitales del futuro.

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