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Imaginemos una pyme que utiliza diferentes herramientas para proteger su actividad diaria: un antivirus en los equipos, un firewall en la red, copias de seguridad, aplicaciones en la nube y un sistema de correo corporativo. Un día, el antivirus detecta un archivo sospechoso en el ordenador de un empleado. Poco después, se produce un inicio de sesión desde una ubicación poco habitual y, casi al mismo tiempo, se registra una descarga masiva de documentos desde una carpeta compartida. Por separado, cada señal puede parecer poco relevante: un archivo bloqueado, un acceso permitido o una descarga autorizada. Sin embargo, vistas en conjunto, estas alertas pueden indicar que una cuenta ha sido comprometida y que alguien está intentando acceder a información sensible. Ahí es donde un SIEM (Security Information and Event Management) aporta valor, ya que conecta señales dispersas y ayuda a entender si hay una amenaza real detrás de varios eventos aislados.

















