16 de julio de 2026 - Tiempo de lectura 7 min
El 79% de las empresas ya invierte en ciberseguridad adicional para su personal en remoto
El teletrabajo es un pilar fundamental del modelo laboral actual. Cada vez más demandado por los empleados, es una de las principales medidas de conciliación.
Sin embargo, este cambio en el escenario laboral (impulsado especialmente por la pandemia) ha obligado a las empresas a replantearse sus estrategias de protección digital y a ampliar el perímetro de seguridad más allá de la oficina.
Precisamente por eso, porque los límites del perímetro ya no están claros y los trabajadores pueden conectarse desde cualquier lugar y red, las empresas están reforzando la ciberseguridad adicional para empleados en remoto, combinando tecnología, formación y nuevas políticas de protección.
El nuevo paradigma del teletrabajo: El dato que consolida la inversión en ciberseguridad
El Informe de Ciberpreparación de Hiscox revela que el 79% de las empresas ha invertido en formación adicional en ciberseguridad para proteger a su personal en remoto. Este dato confirma una tendencia clara: el trabajo híbrido y a distancia ha dejado de ser una medida coyuntural para convertirse en una realidad estructural, lo que obliga a las organizaciones a reforzar tanto la tecnología como los hábitos de seguridad fuera de la oficina tradicional. El cambio de paradigma implica que:
- Los empleados acceden a sistemas corporativos desde múltiples ubicaciones.
- Los dispositivos personales o redes domésticas forman parte del entorno empresarial.
- El perímetro de seguridad tradicional desaparece en favor de entornos distribuidos.
Este nuevo escenario ha obligado a las empresas a reforzar sus estrategias, adoptando soluciones avanzadas que protegen los accesos y los datos independientemente de dónde se encuentren los trabajadores.
¿Por qué el personal en remoto es el eslabón más codiciado por los cibercriminales?
El entorno remoto ha ampliado la superficie de exposición de las empresas. Los trabajadores ya no acceden siempre desde una red corporativa controlada, sino desde hogares, espacios compartidos, hoteles, aeropuertos o redes públicas que no ofrecen el mismo nivel de protección que la oficina. Por eso, los empleados se han convertido en uno de los objetivos más expuestos.
Esta dispersión facilita que los cibercriminales busquen puntos débiles en el acceso, en los dispositivos o en los propios hábitos digitales de los trabajadores. Entre los principales vectores de riesgo destacan:
- Redes Wi-Fi domésticas vulnerables: muchas conexiones carecen de configuraciones de seguridad avanzadas, lo que puede facilitar accesos no autorizados o interceptaciones de información.
- Redes WiFi públicas: los empleados pueden conectarse desde hotspots abiertos e inseguros, especialmente en desplazamientos, lo que aumenta el riesgo de exposición de credenciales o datos corporativos.
- Shadow IT: el uso de aplicaciones, herramientas o servicios no autorizados por la empresa escapa al control del departamento de IT y puede abrir brechas de seguridad difíciles de detectar.
- Phishing e ingeniería social: los ataques dirigidos aprovechan la distancia respecto al equipo de soporte y la autonomía del empleado para simular comunicaciones internas, solicitudes urgentes o avisos aparentemente legítimos.
Un ejemplo habitual es el envío de correos fraudulentos que simulan mensajes de compañeros, proveedores o herramientas corporativas. Si el empleado no dispone de formación suficiente o de canales claros para validar la comunicación, puede hacer clic en un enlace, descargar un archivo malicioso o introducir sus credenciales en una página falsa.
Por este motivo, reforzar la ciberseguridad adicional en el entorno remoto no consiste solo en proteger sistemas, sino también en
reducir los riesgos asociados al comportamiento diario de los empleados y facilitarles herramientas para trabajar de forma segura desde cualquier ubicación.
¿En qué soluciones específicas están invirtiendo las empresas?
El aumento de la inversión en ciberseguridad adicional se traduce en la adopción de tecnologías diseñadas para proteger accesos, dispositivos y datos en entornos de trabajo distribuidos. En el caso de los empleados en remoto, las medidas más relevantes son aquellas que permiten verificar quién accede, desde dónde lo hace y en qué condiciones se conecta a los recursos corporativos.
Autenticación Multifactor (MFA) y arquitecturas Zero Trust
La Autenticación Multifactor (MFA) se ha convertido en una medida básica para reforzar el acceso a los sistemas de la empresa. Al exigir más de una forma de verificación, reduce el riesgo de que una contraseña robada sea suficiente para comprometer una cuenta corporativa.
Junto a este sistema, el modelo Zero Trust (confianza cero) parte de una premisa clara: nunca confiar, siempre verificar. Esto implica validar cada acceso, limitar los privilegios de los usuarios y monitorizar la actividad de forma continua, independientemente de si el empleado se conecta desde la oficina, desde casa o desde cualquier otra ubicación.
VPN corporativas y protección del endpoint (EDR)
Las Redes Privadas Virtuales (VPN) siguen siendo esenciales para cifrar las conexiones entre el empleado y la empresa, especialmente cuando se accede a recursos internos desde fuera de la red corporativa. A esta capa se suma la protección del endpoint, es decir, de los propios dispositivos desde los que trabajan los empleados.
Las soluciones de Endpoint Detection and Response permiten detectar amenazas en tiempo real, analizar comportamientos sospechosos en ordenadores portátiles y otros equipos, y responder ante posibles incidentes antes de que escalen.
Para muchas pymes, el reto no solo consiste en incorporar nuevas herramientas, sino en gestionarlas de forma coordinada y con una visión global del riesgo. En este punto, contar con soluciones de ciberseguridad para empresas permite combinar protección del endpoint, la seguridad de accesos, la monitorización y la respuesta ante amenazas dentro de una estrategia más fácil de administrar y adaptada a entornos de trabajo híbridos o distribuidos.
El factor humano: La inversión en cultura de ciberseguridad para empleados
La ciberseguridad no depende únicamente de la instalación de nuevas herramientas. En un entorno remoto, el comportamiento de cada empleado también forma parte de la estrategia de protección. Por este motivo, una parte cada vez más importante de la inversión se destina a reforzar la cultura de la ciberseguridad dentro de la plantilla.
El propio informe de Hiscox subraya la importancia de la formación y de las simulaciones de phishing para reducir el riesgo. Este tipo de ejercicios permite entrenar a los empleados para que aprendan a identificar correos fraudulentos, enlaces sospechosos, intentos de suplantación de identidad o peticiones urgentes que buscan provocar una reacción impulsiva.
Para una pyme, esta dimensión es especialmente importante. Un empleado que trabaja desde casa, desde un espacio compartido o desde una red no corporativa puede convertirse en la primera línea de defensa si sabe cómo actuar ante una amenaza. La formación continua ayuda a reducir errores, mejora la capacidad de reacción y evita que un incidente menor se convierta en una brecha de seguridad con impacto operativo.
El impacto financiero de un ataque en entornos remotos
El coste de un incidente de ciberseguridad puede ir mucho más allá de la resolución técnica del problema. Un ataque originado en un entorno remoto, por ejemplo, mediante el uso de credenciales robadas, un dispositivo comprometido o una conexión insegura, puede derivar en interrupciones de la actividad, recuperación de sistemas, pérdida de productividad, posibles extorsiones mediante ransomware y la contratación urgente de soporte especializado.
En el caso de las pymes, este impacto puede ser especialmente crítico. Muchas de ellas no cuentan con equipos internos amplios ni con recursos suficientes para responder con rapidez ante una brecha de seguridad. Incluso unas horas de inactividad pueden afectar a la facturación, retrasar entregas, bloquear la atención al cliente o interrumpir procesos internos clave.
A estos costes hay que sumar el impacto reputacional: pérdida de confianza de los clientes, deterioro de la imagen de marca y mayor dificultad para recuperar la normalidad comercial después del incidente. Por eso, proteger los accesos, los dispositivos y los hábitos digitales de los empleados que trabajan a distancia no es solo una cuestión técnica, sino una medida directamente relacionada con la continuidad del negocio.
Desde esta perspectiva, invertir en ciberseguridad adicional resulta mucho más razonable que afrontar las consecuencias de un incidente una vez se ha producido. La prevención permite reducir la exposición al riesgo, limitar el impacto de posibles ciberataques y mantener la operativa de la empresa en un entorno laboral cada vez más distribuido.
El teletrabajo ha redefinido el concepto de seguridad empresarial. Los datos, las aplicaciones y los usuarios ya no se concentran en una única ubicación, por lo que las medidas de protección no pueden limitarse al perímetro tradicional de la oficina.
La inversión en ciberseguridad adicional para empleados que trabajan a distancia es ya una práctica necesaria para reducir riesgos y reforzar la confianza de clientes, equipos y proveedores. La combinación de tecnología, formación y gestión centralizada permite a las pymes avanzar hacia modelos de trabajo más flexibles sin renunciar a la protección que exige el contexto actual.